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| Sello de los Caballeros Templarios |
EL CISTER Y SAN BERNARDO
DE CLARAVAL
Al contrario de lo que
pudiera parecer, el Cister no es fundado por Bernardo de Claraval, sino que su
existencia se debía a Roberto Molesmes, quien en el año de 1098 funda el
cenobio de Citeaux (de ahí el nombre de Cister), una ciudad muy próxima a Lyon.
Pero será Bernardo de Claraval (1090-1153), junto a Esteban Harding, el
entonces tercer abad de la Orden quienes, en el año de 1120, proporcionarían al
Cister su verdadera dimensión a nivel internacional, siendo por tanto Harding y
Claraval los verdaderos artífices de la fundación de la orden.
La excesiva
materialización y mundanicidad que presentaba la Orden de Cluny, había puesto
en entredicho la original pureza del monacato, tal como se indicaba
originariamente en la Regla de San Benito, motivo por el cual, tanto Esteban
Harding, a través de su carta "caritatis", como el deseo de
restablecer literalmente la Regla de San Benito, por parte de Bernardo de
Claraval, iba a dar paso a una de las órdenes monacales más importantes y
decisivas en toda Europa durante la Baja Edad Media.
Gracias a la implantación
de un marcado rigorismo en la aplicación de la Regla del Cister, tomada de la
de San Benito, Harding y Claraval, iban a devolver al monacato la pureza
original que tanto se echaba en falta en Cluny. Así, se rechazaría cualquier elemento
que no estuviese recogido explícitamente en la nueva regla, incidiendo sobre
todo, en la necesidad de mantener una uniformidad general dentro de todos los
servicios religiosos, los horarios, la disciplina a aplicar, los libros de
lectura, el régimen de comidas y hasta el tipo del edificio, deberían
mantenerse en todos los establecimientos de la orden, a fin de evitar posibles
tentaciones al relajamiento.
Bernardo de Fontaine,
como así se llamaba quien después sería San Bernardo de Claraval (en referencia
a Clairvaux) nació en el año de 1090, en el seno de una familia acomodada en
Borgoña, puesto que sus padres eran los señores del castillo
Fontaines-les-Dijon. Fue educado junto a sus siete hermanos, tal como
correspondía a la nobleza, seis de los cuales eran varones y una única hembra,
recibiendo una exquisita formación en la lengua del latín, literatura y
religión, lo que propició que la totalidad de los hermanos acabasen siendo
todos religiosos.
En el año de 1112 ingresa
en el Monasterio del Cister, haciéndose acompañar de un grupo de seguidores
nobles que llegarían a alcanzar la treintena, además de sus cuatro hermanos
mayores y su tío (tal como indicaría Guillermo de Saint-Thierry en su Vida de
San Bernardo y Jacobo de la Vorágine en La Leyenda Dorada). No es de extrañar
pues, que el abad de entonces, Esteban Harding, los acogiese a todos con gran
alegría, intuyendo que se trataba de una adhesión en masa a su monasterio. Poco
después, ingresaría en la orden su hermano menor Nirvardo y, al morir su madre,
lo harían también su padre y su hermana Humbelina junto a su cuñado. Esto nos
da una idea de la gran capacidad de influencia que ejercía Bernardo sobre sus
más allegados, lo que se traducía en un elevado grado de adhesión a su persona,
tal como dejó demostrado seis meses antes de entrar en la orden del Cister
junto con sus seguidores, a los que mantuvo emplazados junto a él durante
varias semanas, tiempo que invirtió en conseguir la fidelidad personal de todos
sus acompañantes, llegando incluso a someterlos a todo tipo de pruebas que
demostrasen su lealtad a su persona y no a la Orden a la que iban a pertenecer,
puesto que todo esto fue llevado a cabo seis meses antes de ingresar en el
convento del Cister.
Esta situación nos hace
pensar que quizás Bernardo ya tenía un objetivo marcado antes de ingresar en la
Orden, puesto que se hizo acompañar de las personas adecuadas para alcanzar su
objetivo. Cuando repasamos la historia y vemos el comportamiento que tuvieron
en los años siguientes al ingreso en el Cister, llevando a cabo diversas
actividades secretas, tanto dentro, como fuera de la Orden, parece que la duda
se disipa.
Tal como era previsible,
la llegada masiva del clan de los Fontaine (la familia y amigos de Bernardo)
iba a resultar conflictiva para el abad Esteban Harding, ya que la excesiva
influencia de los Fontaine era de sobras conocida en la comunidad, lo que unido
a que eran mayoría en el monasterio del Cister, ya que cuando ingresaron
Bernardo y los suyos, apenas habían un puñado de monjes, iba provocar una
situación que desataría lo inevitable. Pero la solución llegaría poco después,
a través de la generosidad del conde Hugo I de Champaña, quien iba a jugar un
papel muy importante en la fundación de la nueva Orden de los Caballeros del Temple.
El conde Hugo I, donó los terrenos que poseía en Clairvaux, lugar cercano a
Dijon, al norte de Lyon, para que Bernardo pudiera establecer allí su propio
monasterio. Es así como a partir de entonces, Bernardo de Fontaine, pasará a
conocerse como el célebre Bernardo de Claraval (de Clairvaux).
Tres años después del
ingreso de Bernardo de Claraval en el Cister (1115), la Orden contaba tan sólo
con cuatro abadías, en cambio, a la muerte de Bernardo de Claraval en el 1153,
estas cuatro abadías pasaron a ser más de 350, de las que 69 era filiales
directas de Claraval, fundadas directamente por Bernardo y levantadas con la
ayuda de sus familiares y amigos de la nobleza.
La Orden del Cister se
caracterizaría por la continua construcción de templos y monasterios dedicados
a "Nuestra Señora" por casi toda Europa, así como entonar el
"Salve Regina" al dar por finalizada la jornada, tal como era
preceptivo en la Orden. Esta situación hizo que la Iglesia viera a Bernardo de
Claraval como el iniciador y promotor oficial del culto a María, si bien,
algunos autores vieron en este culto a María una advocación muy diferente a la
aparente, ya que no se referiría a María la Virgen, sino a María Magdalena.
LA FUNDACIÓN DE LA ORDEN
DEL TEMPLE
SAN BERNARDO DE CLARAVAL
Y LA ORDEN DE LOS CABALLEROS TEMPLARIOS
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| San Bernardo de Claraval |
Tras la primera cruzada,
culminada con la conquista de Jerusalén en el año de 1099, pasarían a
constituirse principados latinos por la zona, como fueron los Condados de Edesa
y Tripoli, el Principado de Antioquía y el Reino de Jerusalén, donde Balduino
iba a gobernar como rey.
Según cuentan las
crónicas, en el año de 1118, el rey de Jerusalén, Balduino II, daría la
bienvenida a un grupo de nueve caballeros franceses, comandados por el noble
Hugo de Payens (Payns), quien se ofrecería al soberano para proteger a los
peregrinos que acudiesen a Tierra Santa.
Entre los componentes del
grupo, se encontraba el que fuese tan generoso con Bernardo de Claraval, al
donarle las tierras de Clairvaux para levantar su propio monasterio; nos
referimos, por supuesto, al conde Hugo I de Champaña. También le acompañaba el
tío de Bernardo, André de Montbard, quien más adelante jugaría un importante
papel en la Orden, llegando a ser Gran Maestre de la misma en el año 1153,
coincidiendo con el año de la muerte de Bernardo de Claraval.
Fue en dicha fecha del
1118 cuando se produciría la fundación de la "Orden del Temple" y
que, en un principio, fue conocida como la "Orden de los Pobres Caballeros
de Cristo" (Pauperes Conmilitones Christi), aunque más tarde, pasarían a
ser conocidos comúnmente como "Caballeros Templarios o Caballeros del
Templo de Salomón" (Milites Templi Salomonis), una vez que fueron
instalados en las dependencias del antiguo templo de Salomón en Jerusalén y
cuyo lema sería: "Non nobis, Domine, Non Nobis, Sed Nomini Tuo Da
Gloriam" (No para nosotros, Señor, no para nosotros, sino en tu nombre
danos Gloria). La denominación más actual y extendida de "Orden del Temple"
se produce a través de la traducción del latín al francés. La identidad de los
nueve caballeros franceses fundadores de la orden del Temple era la siguiente:
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| Caballero Templario |
- Hugo de Payens
- Geoffroy de Saint-Omer
- André de
Montbard
-
Archambaut de Saint-Amand
- Payen de Montdidier
- Geoffroi Bisot
- Gondemar
- Hugo Rigaud
- Roland
No obstante, la identidad
de los caballeros que componían la expedición, daría lugar a especular con
otros motivos distintos a los manifestados por Hugo de Payens, ya que resultaba
demasiado casual que, algunos de los componentes, fuesen familiares o íntimos
amigos de Bernardo de Claraval, tal como se ha indicado anteriormente.
Para corroborar esta
hipótesis, existen unos documentos muy interesantes, procedentes de unos
archivos de la Orden del Temple, que fueron encontrados en el Principado de
Seborga, un minúsculo país de unos 14 Kms. cuadrados, situado en el noroeste de
Italia, en la región de Liguria, y en donde se relaciona directamente a
Bernardo de Claraval con la fundación de la Orden del Temple.
De acuerdo a dichos
documentos, Bernardo de Claraval, en el año 1113, habría fundado un monasterio
en Seborga, con el propósito de preservar en su interior un "gran
secreto", el cual no es especificado. Bernardo dejó como guardianes del
secreto a los monjes Gondemar y Rossal, dos frailes que pertenecían al clan de
los Fontaine, y que habían ingresado con él en el Cister.
Posteriormente, en el año
1117, Bernardo de Claraval, regresa al monasterio de Seborga y libera de sus
votos a los dos frailes, a la vez que les encomienda un nuevo destino:
viajarían a Tierra Santa, en compañía de siete caballeros más. Los nombres de
dichos caballeros eran:
- André de Montbard (tío
de Bernardo de Claraval).
- El conde Hugo I de
Champaña (quien le donó las tierras de Clairvaux).
- Hugo de Payens (quien
sería el primer Maestre de la orden).
- Payen de Montdidier.
- Geoffroi de Saint-Omer.
-
Archambaud de Saint-Amand
- Geoffroi
Bisot
Como puede comprobarse,
la mayoría de los nombres que aparecen en dichos documentos, coinciden con los
nombres citados en los documentos que hacen referencia al grupo que acudió a
Jerusalén y fundó la Orden del Temple en 1118. ¿Casualidad?