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sábado, 12 de noviembre de 2016

El secreto de Tomar (El último refugio de los caballeros templarios)

Sello templario
Cuando el viernes 13 de octubre del 1307, el rey francés Philippe IV -Le Bel- (Felipe IV el Hermoso), decide asestar el golpe definitivo a la Orden del Temple -La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo (Pauperes commilitones Christi Templique Solomonici)-, comúnmente conocida como los Caballeros Templarios, poco podía imaginarse que, sus oscuras intenciones, eran de sobras conocidas por los grandes maestres de la Orden, ya que no en vano, los servicios secretos de los caballeros templarios, hacía días que habían interceptado las órdenes dadas por el rey francés, en las que se indicaban expresamente el día 13 de octubre de 1307 como la fecha en que debería actuarse conjuntamente en toda Francia, arrestando a los maestres y caballeros de la Orden.

A nadie se le escapaba que el rey francés no podía hacer frente a la inmensa deuda contraída con la Orden de los caballeros templarios -sobre todo, a raíz del rescate que tuvo que satisfacer su abuelo, el rey Luis IX (San Luis), a las huestes sarracenas, tras ser hecho prisionero en Egipto durante la sexta cruzada- a quienes les solicitó financiar íntegramente el pago del rescate, con cargo a las arcas de la Orden templaria.

Felipe IV El hermoso
El jueves 12 de octubre -un día antes del arresto del Gran Maestre-, Jacques De Molay, asiste al funeral de la cuñada del rey Felipe IV, Catherine de Coourtenay, formando parte de la comitiva que transportaría el féretro de quien fuese la esposa de Carlos de Valois. Tras sendos y efusivos saludos, entre el astuto y codicioso rey francés y el Gran Maestre de la Orden templaria, nadie ajeno a las oscuras maniobras del monarca, podría sospechar cuales eran los planes inmediatos de Felipe IV.
Pero la sorpresa estaba aún por llegar… cuando en la mañana del viernes 13 de octubre, Jacques De Molay, junto a otros tres maestres más de la Orden, fueron arrestados por los soldados del rey, acusados de herejía, haciendo caso omiso a las indicaciones del Papa Clemente V -un títere impuesto por el mismo rey Felipe IV- quien había sido encumbrado al trono de San Pedro por medio de las maléficas artes del monarca francés, tras la más que extraña y súbita muerte del Sumo Pontífice antecesor, el Papa Bonifacio VIII.

Papa Clemente V
Clemente V, -Papa francés de nombre Bernat de Got y anterior arzobispo de Burdeos- había dado instrucciones expresas a Felipe IV de no efectuar acción alguna contra los caballeros templarios, mientras él mismo no se encontrara en condiciones de hacerlo, debido sobre todo, al cáncer de píloro que le afectaba. Pero esta situación de enfermedad del Papa, le era muy propicia al rey francés, ya que podría juzgar directamente de herejía a los caballeros templarios, sin necesidad de esperar el beneplácito de Clemente V, quien por otro lado, nunca se opuso abiertamente a la detención de los maestres de la Orden, a pesar de que éstos dependiesen directa y jerárquicamente del propio Papa.

El Gran Maestre de la Orden, Jacques De Molay, junto con otros caballeros y maestres más, permanecieron encarcelados durante siete años, siendo objeto de todo tipo de acusaciones y torturas, con el único fin de que confesasen su culpabilidad como herejes.

Caballero Templario
El 18 de marzo del 1314, tras proclamar públicamente la inocencia de la Orden del Temple, así como haber sido sometido a torturas para sonsacarle la confesión que deseaban los esbirros reales. Jacques De Molay sería quemado vivo en la hoguera junto al Maestre de Normandía, Geoffroy de Carney, en un islote existente en el río Sena, situado entre los jardines del monarca y la iglesia de San Agustín. Se dice que el rey mandó quemarlos con troncos de madera que aún estuviesen verdes, con el propósito de hacerles sufrir más, al tardar más tiempo en morir quemados. Otra leyenda o profecía que no ha podido ser confirmada, si bien se cumplió exactamente tal como es contada, dice que, antes de morir, el Gran Maestre Jacques De Molay, maldijo al rey Felipe y al Papa Clemente -responsables de la eliminación de la Orden del Temple- a presentarse ante Dios para ser juzgados en el plazo de menos de 40 días para el caso del Papa Clemente V y de menos de un año para el rey Felipe IV.

Fuese verdadera o no dicha maldición, lo cierto es que el Papa Clemente V moriría en la noche del 19 de abril del 1314 (32 días después), a causa de unas terribles diarreas, posiblemente como consecuencia del cáncer de píloro que padecía. Por si esto fuera poco, durante el velatorio del cadáver, y debido al fuerte olor nauseabundo que despedía, éste fue abandonado por sus sirvientes, dejándolo solo y completamente desnudo durante toda la noche, sin poder evitar que una vela cayese sobre el catafalco, provocando la casi total calcinación del cadáver.

Al rey Felipe IV el hermoso, la maldición tampoco iba a pasarle de largo. Efectivamente, tal como había profetizado Jacques De Molay, el 29 de septiembre de 1314 (195 días después), y como consecuencia de un fuerte golpe recibido en la cabeza, con la rama de un árbol que le hizo caer de su caballo mientras cazaba en los bosques de Fontainebleau, moriría a causa de las graves heridas sufridas, las cuales le causarían gran dolor hasta el último momento de su óbito. El fuerte y nauseabundo olor que desprendían sus llagas, impedían que fuera posible acercarse hasta su lecho de muerte, sin sentir repugnancia.

Los caballeros templarios pasarían a formar parte de nuevas órdenes. Así, en España, pasarían a formar parte de la nueva Orden de Montesa, creada a tal efecto por el rey Jaume II de la Corona de Aragón. En Finlandia, pasarían a llamarse Orden de San Andrés y en Portugal vendrían a reconvertirse en La Orden de Cristo.

Pero con la disolución de la Orden del Temple, llevaba a cabo por el Papa Clemente V a través de un decreto apostólico, mediante la bula Vox Clamantis, del 22 de marzo de 1312, no se iba a acabar con la Orden de los caballeros templarios.

Es precisamente en Portugal, y en concreto en el pueblecito de Tomar, donde los caballeros templarios iban a obtener el último de sus refugios. Pero antes de pasar a tratar el asunto de Tomar, cabe destacar la existencia de un documento que ha permanecido oculto a ojos profanos del Vaticano durante casi 700 años. Nos estamos refiriendo al Pergamino de Chinon. 

Pergamino de Chinon
El Pergamino de Chinon fue manuscrito por el mismísimo Clemente V, durante el periodo que va desde el 17 al 20 de Agosto del 1308. En dicho pergamino, se puede leer como el Papa Clemente V absuelve de todos los cargos al gran Maestre de la Orden del Temple Jacques De Molay, así como a otros miembros de la Orden, indicando que los líderes templarios deben ser reintegrados a la comunión (ya que fueron excomulgados) y a poder recibir los sacramentos.

Quedaba claro pues, que la disolución de la Orden del Temple obedecía únicamente a los intereses del monarca francés, obsesionado por apropiarse de todos los bienes de la Orden, así como cancelar la deuda pendiente con la misma, acogiéndose a una corrupta ley que le permitiría cancelar las deudas contraídas con todos aquellos que fuesen declarados herejes (en este caso cancelando la inmensa deuda contraída con la Orden del Temple). Obligando a actuar al Papa Clemente V como la marioneta que siempre demostró ser en sus manos.

Como era de esperar, tras los correspondientes interrogatorios por parte de la Santa Inquisición, gran parte de los caballeros templarios mueren durante las torturas sufridas en los interrogatorios, y los que consiguen sobrevivir, lo hacen gracias a delatarse mutuamente como integrantes de la Orden, e inculparse de los hechos que los inquisidores les imputan so pena de morir en la tortura.

A pesar de una inicial resistencia, el Papa Clemente V acaba por ceder al chantaje y los deseos de Felipe IV el Hermoso y emite la bula Pastoralis Praeminentiae, con la que ordena a todos los reyes y príncipes cristianos de Europa a que procedan a la detención y arresto de los caballeros templarios, acusándolos de apostasía, ultraje a Cristo, ritos obscenos, sodomía (homosexualidad) e idolatría.

Tal como ya se mencionó anteriormente, los caballeros templarios que consiguen escapar de la Santa Inquisición y del acoso del rey francés, lo hacen integrándose en otras órdenes de otros países como España, Finlandia o Portugal. En España, pasarían a formar parte de la nueva Orden de Montesa, creada a tal efecto por el rey Jaume II de la Corona de Aragón. En Finlandia, pasarían a llamarse Orden de San Andrés y en Portugal vendrían a reconvertirse en La Orden de Cristo.

viernes, 11 de noviembre de 2016

LOS CABALLEROS TEMPLARIOS

Sello de los Caballeros Templarios

EL CISTER Y SAN BERNARDO DE CLARAVAL

Al contrario de lo que pudiera parecer, el Cister no es fundado por Bernardo de Claraval, sino que su existencia se debía a Roberto Molesmes, quien en el año de 1098 funda el cenobio de Citeaux (de ahí el nombre de Cister), una ciudad muy próxima a Lyon. Pero será Bernardo de Claraval (1090-1153), junto a Esteban Harding, el entonces tercer abad de la Orden quienes, en el año de 1120, proporcionarían al Cister su verdadera dimensión a nivel internacional, siendo por tanto Harding y Claraval los verdaderos artífices de la fundación de la orden.

La excesiva materialización y mundanicidad que presentaba la Orden de Cluny, había puesto en entredicho la original pureza del monacato, tal como se indicaba originariamente en la Regla de San Benito, motivo por el cual, tanto Esteban Harding, a través de su carta "caritatis", como el deseo de restablecer literalmente la Regla de San Benito, por parte de Bernardo de Claraval, iba a dar paso a una de las órdenes monacales más importantes y decisivas en toda Europa durante la Baja Edad Media.

Gracias a la implantación de un marcado rigorismo en la aplicación de la Regla del Cister, tomada de la de San Benito, Harding y Claraval, iban a devolver al monacato la pureza original que tanto se echaba en falta en Cluny. Así, se rechazaría cualquier elemento que no estuviese recogido explícitamente en la nueva regla, incidiendo sobre todo, en la necesidad de mantener una uniformidad general dentro de todos los servicios religiosos, los horarios, la disciplina a aplicar, los libros de lectura, el régimen de comidas y hasta el tipo del edificio, deberían mantenerse en todos los establecimientos de la orden, a fin de evitar posibles tentaciones al relajamiento.

Bernardo de Fontaine, como así se llamaba quien después sería San Bernardo de Claraval (en referencia a Clairvaux) nació en el año de 1090, en el seno de una familia acomodada en Borgoña, puesto que sus padres eran los señores del castillo Fontaines-les-Dijon. Fue educado junto a sus siete hermanos, tal como correspondía a la nobleza, seis de los cuales eran varones y una única hembra, recibiendo una exquisita formación en la lengua del latín, literatura y religión, lo que propició que la totalidad de los hermanos acabasen siendo todos religiosos.

En el año de 1112 ingresa en el Monasterio del Cister, haciéndose acompañar de un grupo de seguidores nobles que llegarían a alcanzar la treintena, además de sus cuatro hermanos mayores y su tío (tal como indicaría Guillermo de Saint-Thierry en su Vida de San Bernardo y Jacobo de la Vorágine en La Leyenda Dorada). No es de extrañar pues, que el abad de entonces, Esteban Harding, los acogiese a todos con gran alegría, intuyendo que se trataba de una adhesión en masa a su monasterio. Poco después, ingresaría en la orden su hermano menor Nirvardo y, al morir su madre, lo harían también su padre y su hermana Humbelina junto a su cuñado. Esto nos da una idea de la gran capacidad de influencia que ejercía Bernardo sobre sus más allegados, lo que se traducía en un elevado grado de adhesión a su persona, tal como dejó demostrado seis meses antes de entrar en la orden del Cister junto con sus seguidores, a los que mantuvo emplazados junto a él durante varias semanas, tiempo que invirtió en conseguir la fidelidad personal de todos sus acompañantes, llegando incluso a someterlos a todo tipo de pruebas que demostrasen su lealtad a su persona y no a la Orden a la que iban a pertenecer, puesto que todo esto fue llevado a cabo seis meses antes de ingresar en el convento del Cister.

Esta situación nos hace pensar que quizás Bernardo ya tenía un objetivo marcado antes de ingresar en la Orden, puesto que se hizo acompañar de las personas adecuadas para alcanzar su objetivo. Cuando repasamos la historia y vemos el comportamiento que tuvieron en los años siguientes al ingreso en el Cister, llevando a cabo diversas actividades secretas, tanto dentro, como fuera de la Orden, parece que la duda se disipa.

Tal como era previsible, la llegada masiva del clan de los Fontaine (la familia y amigos de Bernardo) iba a resultar conflictiva para el abad Esteban Harding, ya que la excesiva influencia de los Fontaine era de sobras conocida en la comunidad, lo que unido a que eran mayoría en el monasterio del Cister, ya que cuando ingresaron Bernardo y los suyos, apenas habían un puñado de monjes, iba provocar una situación que desataría lo inevitable. Pero la solución llegaría poco después, a través de la generosidad del conde Hugo I de Champaña, quien iba a jugar un papel muy importante en la fundación de la nueva Orden de los Caballeros del Temple. El conde Hugo I, donó los terrenos que poseía en Clairvaux, lugar cercano a Dijon, al norte de Lyon, para que Bernardo pudiera establecer allí su propio monasterio. Es así como a partir de entonces, Bernardo de Fontaine, pasará a conocerse como el célebre Bernardo de Claraval (de Clairvaux).

Tres años después del ingreso de Bernardo de Claraval en el Cister (1115), la Orden contaba tan sólo con cuatro abadías, en cambio, a la muerte de Bernardo de Claraval en el 1153, estas cuatro abadías pasaron a ser más de 350, de las que 69 era filiales directas de Claraval, fundadas directamente por Bernardo y levantadas con la ayuda de sus familiares y amigos de la nobleza.

La Orden del Cister se caracterizaría por la continua construcción de templos y monasterios dedicados a "Nuestra Señora" por casi toda Europa, así como entonar el "Salve Regina" al dar por finalizada la jornada, tal como era preceptivo en la Orden. Esta situación hizo que la Iglesia viera a Bernardo de Claraval como el iniciador y promotor oficial del culto a María, si bien, algunos autores vieron en este culto a María una advocación muy diferente a la aparente, ya que no se referiría a María la Virgen, sino a María Magdalena.

LA FUNDACIÓN DE LA ORDEN DEL TEMPLE
SAN BERNARDO DE CLARAVAL Y LA ORDEN DE LOS CABALLEROS TEMPLARIOS

San Bernardo de Claraval
Tras la primera cruzada, culminada con la conquista de Jerusalén en el año de 1099, pasarían a constituirse principados latinos por la zona, como fueron los Condados de Edesa y Tripoli, el Principado de Antioquía y el Reino de Jerusalén, donde Balduino iba a gobernar como rey.


Según cuentan las crónicas, en el año de 1118, el rey de Jerusalén, Balduino II, daría la bienvenida a un grupo de nueve caballeros franceses, comandados por el noble Hugo de Payens (Payns), quien se ofrecería al soberano para proteger a los peregrinos que acudiesen a Tierra Santa.

Entre los componentes del grupo, se encontraba el que fuese tan generoso con Bernardo de Claraval, al donarle las tierras de Clairvaux para levantar su propio monasterio; nos referimos, por supuesto, al conde Hugo I de Champaña. También le acompañaba el tío de Bernardo, André de Montbard, quien más adelante jugaría un importante papel en la Orden, llegando a ser Gran Maestre de la misma en el año 1153, coincidiendo con el año de la muerte de Bernardo de Claraval.

Fue en dicha fecha del 1118 cuando se produciría la fundación de la "Orden del Temple" y que, en un principio, fue conocida como la "Orden de los Pobres Caballeros de Cristo" (Pauperes Conmilitones Christi), aunque más tarde, pasarían a ser conocidos comúnmente como "Caballeros Templarios o Caballeros del Templo de Salomón" (Milites Templi Salomonis), una vez que fueron instalados en las dependencias del antiguo templo de Salomón en Jerusalén y cuyo lema sería: "Non nobis, Domine, Non Nobis, Sed Nomini Tuo Da Gloriam" (No para nosotros, Señor, no para nosotros, sino en tu nombre danos Gloria). La denominación más actual y extendida de "Orden del Temple" se produce a través de la traducción del latín al francés. La identidad de los nueve caballeros franceses fundadores de la orden del Temple era la siguiente:

Caballero Templario
 - Hugo de Payens

- Geoffroy de Saint-Omer
- André de Montbard
- Archambaut de Saint-Amand
- Payen de Montdidier
- Geoffroi Bisot
- Gondemar
- Hugo Rigaud
- Roland

No obstante, la identidad de los caballeros que componían la expedición, daría lugar a especular con otros motivos distintos a los manifestados por Hugo de Payens, ya que resultaba demasiado casual que, algunos de los componentes, fuesen familiares o íntimos amigos de Bernardo de Claraval, tal como se ha indicado anteriormente.

Para corroborar esta hipótesis, existen unos documentos muy interesantes, procedentes de unos archivos de la Orden del Temple, que fueron encontrados en el Principado de Seborga, un minúsculo país de unos 14 Kms. cuadrados, situado en el noroeste de Italia, en la región de Liguria, y en donde se relaciona directamente a Bernardo de Claraval con la fundación de la Orden del Temple.

De acuerdo a dichos documentos, Bernardo de Claraval, en el año 1113, habría fundado un monasterio en Seborga, con el propósito de preservar en su interior un "gran secreto", el cual no es especificado. Bernardo dejó como guardianes del secreto a los monjes Gondemar y Rossal, dos frailes que pertenecían al clan de los Fontaine, y que habían ingresado con él en el Cister.

Posteriormente, en el año 1117, Bernardo de Claraval, regresa al monasterio de Seborga y libera de sus votos a los dos frailes, a la vez que les encomienda un nuevo destino: viajarían a Tierra Santa, en compañía de siete caballeros más. Los nombres de dichos caballeros eran:

- André de Montbard (tío de Bernardo de Claraval).
- El conde Hugo I de Champaña (quien le donó las tierras de Clairvaux).
- Hugo de Payens (quien sería el primer Maestre de la orden).
- Payen de Montdidier.
- Geoffroi de Saint-Omer.
- Archambaud de Saint-Amand
- Geoffroi Bisot

Como puede comprobarse, la mayoría de los nombres que aparecen en dichos documentos, coinciden con los nombres citados en los documentos que hacen referencia al grupo que acudió a Jerusalén y fundó la Orden del Temple en 1118. ¿Casualidad?